Hallan en el océano Índico el mayor cementerio de ballenas del mundo: 476 esqueletos acumulados durante 5,3 millones de años
Un robot submarino que rastreaba el fondo del Índico suroriental, frente a Australia, ha documentado en la llamada Zona Diamantina la mayor, más profunda y más antigua necrópolis de ballenas jamás encontrada: una franja de 1.200 kilómetros con 476 esqueletos fosilizados y cinco ecosistemas todavía activos. Algunos restos tienen 5,3 millones de años. El estudio, publicado en Nature, describe además una nueva especie extinta de zifio bautizada Pterocetus diamantinae.
El hallazgo procede de las profundidades de la Zona Diamantina, una región abisal del sureste del océano Índico que se extiende a lo largo de unos 1.200 kilómetros de lecho marino. Allí, un vehículo submarino autónomo registró y muestreó 485 puntos de "caída de ballena" —el término con que la ciencia designa el descenso de un cetáceo muerto hasta el fondo—, de los cuales 476 corresponden a animales ya fosilizados y otros cinco a comunidades vivas que aún se alimentan de la materia orgánica de los huesos. La acumulación, sostenida a lo largo de millones de años, ha sido comparada por sus autores con una ciudad sumergida de los muertos.
La datación es la parte más asombrosa del trabajo. Los huesos más antiguos se remontan a 5,3 millones de años, lo que convierte a la Diamantina en un archivo natural ininterrumpido del paso de los grandes cetáceos por estas aguas profundas. La mayoría de los restos son cráneos de zifios, una familia de ballenas de hocico alargado, esquivas y poco conocidas porque pasan la vida en la oscuridad abisal. El que el lugar concentre tantos ejemplares sugiere que estas rutas migratorias y estos fondos han funcionado como sumidero biológico durante una eternidad geológica.
"Es una catedral de huesos: cada esqueleto enciende durante décadas un ecosistema propio en uno de los lugares más oscuros y aislados del planeta", describen los autores del estudio publicado en Nature.
Entre los especímenes extintos, el equipo identificó y nombró una especie nueva para la ciencia: Pterocetus diamantinae, un zifio que vivió hace al menos 5,3 millones de años y cuyo registro amplía el árbol genealógico de estos cetáceos. Cada cadáver que llega al fondo, recuerdan los investigadores, no es un final sino un comienzo: la "caída de ballena" alimenta durante años a comunidades de gusanos, moluscos y bacterias quimiosintéticas que florecen en torno a los huesos, islas de vida en un desierto abisal.
El descubrimiento, posible gracias a la robótica de aguas profundas, ilustra cuánto ignoramos todavía del 95 % del océano que permanece sin cartografiar. La Zona Diamantina ofrece a paleontólogos y biólogos marinos un laboratorio único para estudiar cómo evolucionaron los cetáceos, cómo se reciclan los nutrientes en el abismo y qué papel juegan estos fondos en el almacenamiento de carbono a escala planetaria.
Para Capitalis Electus, una necrópolis que ha tardado cinco millones de años en formarse invita a pensar en el verdadero significado del largo plazo. Donde la ciencia mide en eras geológicas, el inversor mide en décadas; pero la lección es afín: el valor que perdura se construye con paciencia, con custodia y con respeto por aquello que solo el tiempo revela. Preservar un patrimonio —natural o financiero— es, ante todo, un ejercicio de horizonte. Esta nota es información, no recomendación de inversión.