La Corte Suprema de EE. UU. frena por primera vez una ejecución con nitrógeno: Alabama no podrá aplicar el método a Jeffery Lee
El alto tribunal estadounidense rechazó en la noche del jueves la petición de Alabama de ejecutar de inmediato a Jeffery Lee mediante hipoxia de nitrógeno y mantuvo en pie la orden de un tribunal inferior que considera que el método puede vulnerar la Octava Enmienda, la que prohíbe los castigos crueles e inusuales. Tras ocho ejecuciones con este gas desde 2024 —siete de ellas en Alabama—, es la primera vez que el Supremo detiene una. Los jueces Thomas, Alito y Gorsuch habrían fallado a favor del estado.
La decisión llegó, como suelen llegar las de su género, a última hora y sin grandes ceremonias. La Corte Suprema de Estados Unidos denegó este jueves por la noche la solicitud de Alabama para llevar adelante la ejecución de Jeffery Lee, condenado por un doble asesinato cometido en 1998, mediante gas nitrógeno. Con su negativa, el tribunal deja en pie la resolución de una instancia inferior que bloqueó el procedimiento al apreciar que la hipoxia de nitrógeno puede constituir un castigo cruel e inusual, vetado por la Octava Enmienda de la Constitución.
El fallo no anula la condena ni cierra definitivamente la puerta al método: es una victoria provisional para Lee, cuya defensa sostiene que la asfixia por nitrógeno somete al reo a varios minutos de sofocación consciente y dolorosa. Pero el gesto del Supremo tiene un peso que excede el caso. Desde que el propio tribunal avaló en 2024 la primera ejecución por este sistema, ocho personas han muerto en cámaras de hipoxia —siete de ellas en Alabama, pionera y principal practicante del método— sin que ninguna apelación lograra detener el reloj. Esta es la primera vez que lo consigue.
"Un método de ejecución que sus testigos describen entre arcadas y convulsiones acaba de perder, por primera vez, la presunción de normalidad ante el más alto tribunal del país."
La aritmética interna del tribunal añade lectura política. Los jueces Clarence Thomas, Samuel Alito y Neil Gorsuch dejaron constancia de que habrían dado la razón a Alabama, aunque no redactaron disenso por escrito. Que al menos seis de los nueve magistrados —incluida la mayoría conservadora restante— optaran por mantener el bloqueo sugiere que los relatos acumulados en dos años de ejecuciones por nitrógeno han hecho mella: periodistas y observadores presentes en varias de ellas han descrito a los condenados retorciéndose y con arcadas durante minutos antes de morir, lejos de la muerte indolora e instantánea que los estados prometieron cuando vendieron el método como alternativa a la inyección letal.
El caso regresa ahora a los tribunales inferiores, donde se ventilará la cuestión de fondo: si la hipoxia de nitrógeno es, en sí misma, compatible con la Constitución. La respuesta condicionará la política penal de los estados que adoptaron el método al calor de la escasez de fármacos para la inyección letal, y reabre en plena temporada electoral un debate que Estados Unidos arrastra desde hace décadas: el de los límites que una sociedad se impone incluso frente a sus peores crímenes.
Para Capitalis Electus, esta resolución recuerda algo que trasciende el derecho penal: las instituciones que revisan sus propios precedentes a la luz de la evidencia son las que sostienen, a la larga, la confianza pública —el mismo principio que rige un patrimonio bien administrado, donde ninguna decisión es tan firme que no merezca reexaminarse cuando los hechos lo exigen. La seguridad jurídica, en los tribunales y en los contratos, no consiste en no cambiar nunca, sino en cambiar con método. Esta nota es información, no asesoramiento.