Miércoles · 17 de junio · MMXXVI Edición vespertina · N.º 4 852
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Guterres declara en Puerto Príncipe que Haití vive "la crisis más severa del hemisferio occidental" y respalda la nueva fuerza contra las pandillas

El secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, recorrió este martes las calles blindadas de la capital haitiana para respaldar el despliegue de la recién creada Fuerza de Represión de las Pandillas y sostener que el país tiene ante sí una oportunidad para "pasar página". Ante mujeres desplazadas por la violencia armada, pidió perdón en nombre de la comunidad internacional y advirtió que Haití atraviesa la emergencia más grave del hemisferio occidental.

El máximo responsable de la ONU aterrizó en Puerto Príncipe en una visita cargada de simbolismo, en un momento en que la capital haitiana sigue dominada en buena parte por coaliciones de bandas armadas. Atravesando la ciudad en un vehículo blindado, Guterres se reunió con los primeros contingentes de la nueva fuerza internacional desplegada para arrebatar el control de las calles a las pandillas, un cuerpo que las autoridades presentan como el verdadero punto de inflexión tras años de colapso institucional.

El diagnóstico que dejó fue sombrío. Guterres describió la situación haitiana como "la crisis más severa del hemisferio occidental" y la tercera más grave del mundo, sólo por detrás de las de Gaza y Sudán. Según los datos que maneja Naciones Unidas, alrededor de 6,4 millones de haitianos —más de la mitad de la población— necesitan algún tipo de asistencia humanitaria, y la violencia ha dejado este año miles de muertos y un reguero de secuestros que ha vaciado barrios enteros de la capital.

"Vengo a pedir perdón a las víctimas, porque la comunidad internacional no ha estado a la altura del sufrimiento del pueblo haitiano", declaró Guterres en una antigua escuela de Puerto Príncipe convertida en refugio para más de mil doscientas personas desplazadas.

La parte más sobria de la jornada se vivió precisamente en ese refugio, donde el secretario general se sentó junto a un grupo de mujeres que, durante casi dos años, han sobrevivido lejos de sus hogares. El relato de la vida cotidiana bajo el asedio de las bandas —hacinamiento, hambre y miedo— enmarcó un mensaje en el que Guterres reclamó a los Estados financiación estable y predecible para la misión, advirtiendo de que las promesas sin recursos prolongan la agonía en lugar de aliviarla.

La esperanza, insistió, descansa ahora en la nueva fuerza de seguridad, que ha empezado a recibir contingentes de varios países y a la que se han ido sumando refuerzos en las últimas semanas. El reto no es menor: estabilizar una capital fragmentada, garantizar el regreso de los desplazados y abrir una transición política creíble en un Estado que lleva años sin elecciones. Guterres pidió a la comunidad internacional que no aparte la mirada de un país que, recordó, queda demasiado a menudo eclipsado por crisis más visibles.

Para Capitalis Electus, la tragedia haitiana es también una advertencia sobre el valor de aquello que rara vez aparece en un balance: la seguridad jurídica y física que hace posible cualquier patrimonio. Donde el Estado se repliega, se desploman el valor de los inmuebles, la viabilidad de los seguros y la confianza que sostiene la inversión a largo plazo. Comprender el riesgo soberano y de país no es un ejercicio abstracto, sino la base de cualquier decisión prudente sobre dónde y cómo se preserva el capital. Esta nota es información, no asesoramiento.

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