Hegseth ordena revisar las tropas de EE. UU. en Europa y reclama una "OTAN 3.0" mientras reprende a los aliados
El secretario de Defensa de Estados Unidos, Pete Hegseth, anunció este jueves en Bruselas una revisión de seis meses de la presencia militar estadounidense en Europa, cuyo resultado dependerá de la rapidez con que los aliados asuman su propia seguridad. Ante los ministros de Defensa de la Alianza, exigió refundar la organización de treinta y dos miembros en una "OTAN 3.0" y advirtió que algunos países "suspenderán" el examen mientras otros lo aprobarán "con honores".
La reunión de ministros de Defensa de la OTAN, que debía servir para coordinar el respaldo a Ucrania y la nueva arquitectura de disuasión europea, quedó dominada por el tono de Hegseth. El responsable del Pentágono comunicó a sus homólogos que Washington abre una revisión de seis meses de su despliegue en el continente y que el reparto futuro de fuerzas se decidirá según un criterio explícito: cuánto y cuán deprisa los europeos se hagan cargo de su propia defensa. Algunos socios, dijo, "aprobarán con honores" y otros "suspenderán".
El concepto que el secretario empleó para encuadrar el viraje fue el de una "OTAN 3.0", a la que describió como el reconocimiento, después de la Guerra Fría, de que la Alianza debe volver a ser un pacto militar de línea dura, con capacidades reales para disuadir cualquier amenaza en el continente y para asumir el grueso de la defensa convencional de Europa. La fórmula recoge la exigencia, planteada por Washington en mayo, de que los aliados eleven su gasto en defensa hasta el 3,5 % del producto interior bruto.
"Algunos aliados aprobarán esta revisión con honores; otros, sencillamente, suspenderán", advirtió Hegseth ante los ministros de Defensa reunidos en Bruselas, en un mensaje que condiciona la permanencia de las fuerzas estadounidenses al esfuerzo militar de cada socio europeo.
El secretario no se limitó al anuncio. Reprochó a los aliados haber negado a las fuerzas estadounidenses el acceso a bases en Europa para lanzar ataques contra Irán, una negativa que calificó de "vergonzosa". Sus palabras llegan pocas semanas después de que Estados Unidos comunicara a sus socios que dejaría de suministrar determinados buques y aeronaves si uno de ellos resultara atacado, una advertencia que llevó al mando supremo aliado a trabajar en planes de contingencia para la defensa del continente.
Para las cancillerías europeas, el mensaje confirma una transición que llevaban meses preparando con inquietud: la de un paraguas atlántico que ya no se da por descontado. La revisión de seis meses obliga a los gobiernos a acelerar programas de rearme, a revisar sus presupuestos plurianuales y a contemplar escenarios en los que la presencia estadounidense se reduzca de forma apreciable. En paralelo, la apelación a una "OTAN 3.0" reabre el debate sobre el mando, la industria de defensa y la autonomía estratégica que París y Berlín reclaman desde hace años.
Para Capitalis Electus, el episodio es un recordatorio de que la geopolítica fija, en última instancia, el coste del riesgo. Cuando una garantía de seguridad que se daba por firme pasa a estar condicionada, se encarecen las primas de la deuda soberana europea, se reordenan las cadenas industriales y crece el valor de las coberturas frente a la incertidumbre. La respuesta sensata de un patrimonio no es anticipar el desenlace de una negociación entre aliados, sino diversificar la exposición geográfica, revisar la duración de las carteras y atender a la solidez de los activos refugio. Esta nota es información, no recomendación de inversión.