Intel se dispara cerca de un 10 % tras anunciar Trump un acuerdo con Apple para diseñar y fabricar chips en Estados Unidos
Las acciones de Intel se dispararon este jueves después de que el presidente Donald Trump asegurara que Apple había aceptado trabajar con el fabricante para diseñar y producir semiconductores en suelo estadounidense. El título llegó a subir más de un 10 % y rozó un máximo histórico, en una sesión en la que Wall Street trataba de recomponerse del giro restrictivo de la Reserva Federal.
El anuncio llegó por la vía menos convencional. En un mensaje en su red social, Trump afirmó que "Apple ha aceptado trabajar con Intel para diseñar y fabricar sus chips en Estados Unidos", una frase breve que bastó para encender la cotización del histórico fabricante de Santa Clara. Poco después de la apertura, los títulos de Intel avanzaban en torno a un 10 %, hasta superar los 133 dólares, y en algunos momentos de la negociación la subida se acercó al 12 %, con un máximo intradía próximo a los 135 dólares.
La reacción del mercado fue inequívoca, pero las compañías se mostraron mucho más prudentes que el mensaje presidencial. Apple no respondió de inmediato a las solicitudes de comentario, e Intel se limitó a señalar que no haría declaraciones "sobre un posible acuerdo entre Apple e Intel". La distancia entre el tono triunfal del anuncio y el silencio corporativo invitaba a la cautela: el respaldo político es real, pero los términos de la operación todavía no han sido confirmados por sus protagonistas.
"Apple ha aceptado trabajar con Intel para diseñar y fabricar sus chips en Estados Unidos", escribió Donald Trump, en un mensaje que disparó la cotización del fabricante pese a que ni Apple ni Intel confirmaron de inmediato los términos del acuerdo.
De materializarse, el pacto tendría una lectura industrial de largo alcance. Apple ha dependido durante años de la taiwanesa TSMC para fabricar los procesadores que dan vida a sus dispositivos, una concentración que el propio sector observa con inquietud por su exposición geopolítica. Un acuerdo con Intel permitiría a la compañía de Cupertino diversificar su cadena de suministro y trasladar parte de la producción a territorio estadounidense, en línea con la política de relocalización industrial que la Casa Blanca viene impulsando a golpe de aranceles e incentivos.
El movimiento se produjo, además, en una jornada de recuperación para la renta variable. El S&P 500 y el Nasdaq subían alrededor de un 0,9 % y un 1,3 % respectivamente, y el Dow Jones avanzaba cerca de 200 puntos, después del retroceso de la víspera, cuando el cuadro de proyecciones de la Reserva Federal presidida por Kevin Warsh enfrió la expectativa de recortes. La euforia de Intel arrastró al resto de los valores de semiconductores y reavivó el apetito por un sector que concentra buena parte de las esperanzas —y de los riesgos— del ciclo tecnológico.
Para Capitalis Electus, el episodio ilustra una virtud y un peligro a partes iguales. La virtud es la de una economía capaz de repatriar capacidades estratégicas; el peligro, el de unas valoraciones que se mueven al compás de un mensaje y no de un contrato firmado. Un anuncio que aún no han ratificado sus protagonistas puede revertirse con la misma rapidez con que se celebró, y la concentración en unos pocos valores tecnológicos amplifica tanto las ganancias como las caídas. La prudencia patrimonial aconseja distinguir entre la noticia y el hecho consumado, y proteger la cartera de la volatilidad antes que perseguir el titular. Esta nota es información, no recomendación de inversión.