El cuadro que Lucian Freud negó durante toda su vida es auténtico: "Man in a Black Scarf" se expone por primera vez
Uno de los enigmas más singulares del arte británico queda resuelto: el retrato de 1939 que Lucian Freud se negó a reconocer como suyo durante décadas ha sido autenticado gracias a registros hallados en los archivos de la Tate Britain. La obra, que retrata a su amigo John Jameson, se muestra al público por primera vez en el Garden Museum de Londres.
Pocas disputas de atribución han tenido un protagonista tan inusual: el propio artista. Durante toda su vida, Lucian Freud —nieto de Sigmund Freud y uno de los grandes retratistas del siglo XX— sostuvo que "Man in a Black Scarf" no era obra suya. Cuando Christie's catalogó el cuadro como un Freud en 1985, el pintor lo desmintió y la casa de subastas rectificó. La negativa se mantuvo hasta su muerte, en 2011, y convirtió al pequeño retrato en un caso célebre del mercado del arte británico.
La evidencia, sin embargo, ha terminado por imponerse. Investigadores que trabajaban en los archivos de la Tate Britain localizaron los registros que llevaban los estudiantes de la East Anglian School of Painting and Drawing, en Suffolk, donde se anotaba qué pintaba cada alumno cada día. Esos documentos sitúan a un Freud de 16 años trabajando en un retrato de su amigo John Jameson en 1939, exactamente el periodo en que se cree ejecutado "Man in a Black Scarf". El hallazgo corrobora la conclusión a la que ya había llegado en 2016 el historiador del arte Philip Mould en el programa de la BBC "Fake or Fortune?", que consideró la obra probablemente genuina.
"El mercado del arte conoce falsificadores que juran autenticidad; el caso Freud invierte el espejo: un original cuyo autor pasó medio siglo jurando que era de otro."
¿Por qué negó Freud un cuadro que era suyo? Las explicaciones que manejan los especialistas mezclan el rencor y el orgullo. El pintor rompió de manera abrupta con Denis Wirth-Miller y Richard Chopping, compañeros de la escuela de Suffolk y propietarios originales del lienzo; Wirth-Miller llegó a entregar el retrato con la instrucción expresa de autenticarlo y venderlo "para enfurecer a Lucian". En una llamada telefónica de 2006, el propio Freud admitió haber comenzado la pintura, aunque alegó que otra mano la había terminado, razón por la que rehusaba reconocerla.
Resuelto el misterio, la obra inicia su vida pública. "Man in a Black Scarf" se exhibe por primera vez en la muestra "Benton End: A Paradise of Pollen and Paint" del Garden Museum de Londres, dedicada a la escuela de Suffolk donde se gestó. Para el mercado, la autenticación transforma radicalmente el estatus —y el valor— de una pieza temprana de uno de los artistas más cotizados del siglo XX, cuyos retratos han superado en subasta las decenas de millones de dólares.
Para Capitalis Electus, el caso es una lección de manual sobre el activo artístico: el valor de una obra descansa, antes que en su belleza, en la solidez documental de su atribución y procedencia. Una pieza puede multiplicar o evaporar su precio con un solo dictamen, y por ello el coleccionista prudente invierte en certificación, custodia documental y seguros especializados con el mismo rigor con que elige la obra. El arte es patrimonio, pero solo cuando los papeles acompañan al lienzo. Esta nota es información, no asesoramiento.