Un nuevo catálogo suma 161 fusiones de agujeros negros y eleva a 390 las ondas gravitacionales detectadas
La colaboración internacional que opera los detectores LIGO, Virgo y KAGRA ha presentado una actualización de su catálogo con 161 nuevas señales de ondas gravitacionales, todas ellas producidas por la colisión de agujeros negros y captadas entre abril de 2024 y finales de enero de 2025. El compendio eleva a cerca de 390 el número de fusiones registradas desde la primera detección de 2015, y revela lo que los astrónomos describen como un "mundo oculto" de objetos masivos que chocan y se devoran a lo largo del universo.
Hace apenas una década, escuchar el universo era una ambición teórica. Hoy es una rutina científica de una productividad asombrosa. La colaboración LIGO-Virgo-KAGRA acaba de añadir 161 nuevas detecciones de ondas gravitacionales a su catálogo, las arrugas en el tejido del espacio-tiempo que Albert Einstein predijo en 1915 y que solo se confirmaron experimentalmente un siglo más tarde. Todas las nuevas señales proceden de la fusión de parejas de agujeros negros, y se recogieron en apenas diez meses de observación.
El salto es de escala histórica. De la primera detección, anunciada en 2016 tras la colisión registrada en septiembre de 2015, se ha pasado a un inventario que ronda ya las 390 fusiones. Lo que antes era un acontecimiento extraordinario —digno de un premio Nobel— se ha convertido en un goteo casi semanal de colisiones cósmicas. Los investigadores comparan el avance con "descubrir una civilización antigua": un mundo entero de agujeros negros que chocaban en la oscuridad y cuya existencia solo ahora empieza a cartografiarse.
"Cada onda que llega a los detectores es el eco de una catástrofe ocurrida hace millones o miles de millones de años: el universo nos habla siempre en pasado."
Las ondas gravitacionales se detectan con interferómetros de una sensibilidad extrema: instalaciones en forma de L, con brazos de varios kilómetros, capaces de medir variaciones de longitud miles de veces menores que el núcleo de un átomo. LIGO opera dos detectores en Estados Unidos, Virgo se encuentra en Italia y KAGRA, bajo tierra, en Japón. Su funcionamiento conjunto permite no solo confirmar las señales, sino también triangular la región del cielo de la que proceden.
El valor del catálogo no reside únicamente en el recuento. Con cientos de fusiones a disposición, los físicos pueden por fin estudiar de forma estadística las masas, los giros y la distribución de los agujeros negros, poner a prueba la teoría de la relatividad general en condiciones extremas y afinar la medición de la expansión del universo. La muestra incluye casos llamativos: parejas de masas muy dispares, sistemas con giros excepcionalmente altos y los agujeros negros más pesados jamás observados por esta vía.
Para Capitalis Electus, la lección de la astronomía gravitacional es la del valor de la observación paciente y acumulativa: ninguna señal aislada cuenta la historia completa, pero un registro amplio y riguroso revela patrones invisibles al ojo desprevenido. Así también se administra un patrimonio: con datos abundantes, horizonte largo y la humildad de saber que las grandes tendencias solo se aprecian al sumar muchas mediciones. Esta nota es información, no recomendación de inversión.