Viernes · 22 de mayo · MMXXVI Edición vespertina · N.º 4 826
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Rusia y Bielorrusia ejecutan uno de los mayores ejercicios nucleares de la última década

Las maniobras de fuerzas estratégicas y tácticas movilizaron cerca de 65 000 militares e integraron, por primera vez de forma explícita, a Bielorrusia en la simulación del empleo de armas nucleares.

Entre el 19 y el 21 de mayo, Rusia y Bielorrusia desarrollaron unas maniobras conjuntas de fuerzas nucleares estratégicas y tácticas que figuran ya entre las más amplias de la última década. El Ministerio de Defensa ruso anunció el ejercicio sin aviso público previo el mismo 19 de mayo y lo describió como un ensayo de «la preparación y el empleo de las fuerzas nucleares ante una amenaza de agresión». La elección de las palabras —y del momento— forma parte del propio mensaje.

Las cifras dan la medida del despliegue. Las maniobras movilizaron cerca de 65 000 militares, más de 200 lanzadores de misiles, unos 140 aviones, 73 buques de superficie y 13 submarinos, ocho de ellos con capacidad nuclear, además de más de 7 800 piezas de armamento y equipo militar. No se trató de una demostración simbólica, sino de un ejercicio operativo a gran escala que abarcó los tres componentes de la disuasión: terrestre, naval y aéreo.

"Un ejercicio nuclear es, ante todo, un mensaje. Leer ese mensaje con frialdad —sin minimizarlo ni dramatizarlo— es la primera obligación del analista."

La novedad de mayor calado es la integración plena de Bielorrusia. Su Ministerio de Defensa había anunciado el 18 de mayo un ejercicio paralelo en el que sus unidades practicaron la entrega y preparación de munición nuclear «desde posiciones no preparadas en territorio bielorruso», en coordinación con las fuerzas rusas. Durante las maniobras, una fragata rusa lanzó un misil hipersónico Tsirkon desde el mar de Barents; bombarderos estratégicos Tu-95MS efectuaron disparos de misiles de crucero hipersónicos aire-superficie; cazas MiG-31 lanzaron misiles Kinzhal, y una tripulación bielorrusa realizó un lanzamiento práctico de un misil balístico con el sistema Iskander-M desde el polígono de Kapustin Yar. Las maniobras concluyeron el 21 de mayo con lanzamientos simulados cuyos objetivos no se hicieron públicos.

Para Capitalis Electus, el episodio exige una lectura sobria. Los grandes ejercicios nucleares son, por definición, ejercicios de señalización: comunican capacidad y voluntad sin cruzar el umbral del conflicto. No equivalen, por sí mismos, a una escalada inminente. Pero su escala, su anuncio sin preaviso y la implicación creciente de Bielorrusia sí elevan la tensión con la OTAN y reducen el margen de error en una región ya sometida a una presión considerable. La prudencia recomienda seguir los hechos verificables y desconfiar tanto del alarmismo como de la complacencia.

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