SpaceX debuta en el Nasdaq con la mayor salida a bolsa de la historia: 75 000 millones captados y una apertura indicada un 27 % por encima del precio
La compañía de Elon Musk empezó a cotizar este viernes bajo el símbolo SPCX después de colocar más de 555 millones de acciones a 135 dólares cada una, una operación que recauda unos 75 000 millones de dólares —la mayor jamás registrada— y que valora el grupo por encima de 1,75 billones. Las indicaciones de apertura, en torno a los 172 dólares, anticipan un estreno eufórico que convierte a SpaceX, desde su primer día, en una de las mayores cotizadas del planeta.
Tres semanas después de registrar su prospecto ante la SEC, SpaceX consumó este viernes el aterrizaje más esperado de Wall Street. La colocación se cerró en el extremo alto de las expectativas: más de 555 millones de títulos vendidos a 135 dólares, unos 75 000 millones de dólares captados y una valoración de partida que supera los 1,75 billones. Ninguna empresa había levantado tanto capital en un estreno bursátil: el anterior récord absoluto, los cerca de 29 000 millones de Saudi Aramco en 2019, queda multiplicado por más de dos y medio.
El apetito quedó a la vista antes incluso del primer cruce de órdenes. Las indicaciones de apertura situaban el título en torno a los 172 dólares, un 27 % por encima del precio de colocación, y en los mercados no regulados de derivados el contrato perpetuo ligado a SPCX llegó a cambiarse alrededor de los 176 dólares. Si esas referencias se confirman en el parqué, la capitalización de SpaceX rondará los dos billones de dólares en su primera sesión, codeándose con Nvidia, Microsoft y Apple en la cúspide del mercado.
"No se compra un cohete, se compra un peaje: el de la órbita baja, la conectividad satelital y, si Starship cumple, el del transporte interplanetario. La pregunta no es si SpaceX vale dos billones, sino cuánto de ese futuro ya está pagado."
El momento elegido no es casual. La operación llega con el mercado reconciliado con el riesgo tras el anuncio de un principio de acuerdo entre Washington y Teherán, y corona un semestre de estrenos gigantes —Quantinuum en junio, el registro confidencial de Anthropic una semana antes— que confirma la reapertura a lo grande de la ventana de salidas a bolsa. Para los bancos colocadores, el debut de SpaceX es la prueba definitiva de que el capital institucional vuelve a pagar crecimiento; para Musk, que conserva el control mediante acciones con derechos de voto reforzados, es liquidez para financiar Starship y la expansión de Starlink sin perder el timón.
Quedan, como en todo estreno eufórico, las preguntas incómodas. SpaceX concentra en Starlink la mayor parte de unos ingresos que crecen deprisa pero siguen siendo modestos frente a una valoración de doce cifras; su negocio de lanzamientos depende de contratos gubernamentales sujetos a ciclos políticos, y la historia reciente de los grandes debuts —de Facebook a Saudi Aramco— recuerda que el precio del primer día rara vez es el de los seis meses siguientes. La acción cotizará desde hoy bajo el escrutinio trimestral que la compañía evitó durante dos décadas de capital privado.
Para Capitalis Electus, un hito bursátil de esta magnitud merece admiración y, a partes iguales, templanza. Las salidas a bolsa históricas tienden a capturar el entusiasmo en su punto más alto, y el inversor patrimonial hará bien en distinguir entre participar de una gran empresa y pagar cualquier precio por ella. La euforia del estreno no sustituye al análisis: posiciones medidas, horizonte largo y la vieja regla de no concentrar en un solo nombre lo que costó años construir. Quien prefiera dormir tranquilo encontrará en la diversificación —incluido el ladrillo de calidad, ajeno a las campanas del Nasdaq— el contrapeso natural de estas apuestas de futuro. Esta nota es información, no recomendación de inversión.